UCO y Adif: el rastro de Via Adamuz y el precio del silencio
Cuando las vías del tren conducen a un callejón sin salida: crónica de una nueva sacudida institucional.
Estamos en enero de 2026, en Madrid, donde el viento helado de la sierra parece haberse colado directamente en los despachos de la administración pública. Mientras la ciudad intenta recuperar el ritmo tras las fiestas, aquí, en el corazón de las infraestructuras del Estado, el sonido ambiente no es el de los trenes de alta velocidad rompiendo la barrera del viento, sino el de los archivadores digitales que se abren bajo la mirada quirúrgica de la Guardia Civil.
Siempre he pensado que los escándalos de corrupción en España tienen una textura particular, casi cinematográfica, una mezcla entre el neorrealismo italiano y una novela negra futurista. Me encuentro observando la fachada de uno de esos edificios gubernamentales de cristal y acero, tan asépticos por fuera, tan complejos por dentro. La noticia acaba de caer como una losa, pero sin hacer ruido, amortiguada por la moqueta de los pasillos oficiales: la Unidad Central Operativa (UCO) ha puesto el foco, una vez más, sobre Adif.
No es la primera vez, y me temo que no será la última. Pero esta vez el nombre que resuena en las redacciones y en los grupos de WhatsApp de los periodistas veteranos tiene una sonoridad extraña, casi de pueblo, de carretera secundaria: Via Adamuz.

El aroma del café frío y los expedientes calientes
Para entender lo que está pasando hoy, hay que alejarse de la jerga legal. Olviden por un momento los artículos del Código Penal y piensen en una tubería. Adif es la gran tubería por la que circulan miles de millones de euros destinados a que los trenes lleguen a su hora (o lo intenten). Es el sistema circulatorio del transporte nacional. Y cuando en un sistema tan grande aparece un coágulo, el organismo entero se resiente.
La UCO no ha entrado dando patadas en la puerta. Su estilo es más elegante, más letal. Han entrado pidiendo papeles. O mejor dicho, exigiendo la trazabilidad de decisiones que se tomaron cuando nadie miraba. Lo que investigan es una serie de contratos adjudicados a la empresa Via Adamuz, una sociedad que, hasta hace poco, era invisible para el gran público.
La sensación en el ambiente es de déjà vu. Huele a esa mezcla rancia de burocracia y amiguismo que creíamos haber dejado atrás en las décadas pasadas. Es curioso cómo la tecnología avanza —tenemos IA, trenes que levitan, pagos con el iris— pero los métodos para desviar la atención y el dinero siguen siendo tan analógicos como un apretón de manos en un reservado.
La mecánica del «Favor»: diseccionando la sospecha
Permitidme explicar esto con sencillez, como si estuviéramos charlando en la barra de un bar. Imagina que tienes que reformar la cocina de tu casa. Lo normal es pedir tres presupuestos, mirar la calidad de los materiales y elegir al mejor o al más barato. Eso es lo que dice la ley de contratos públicos que debe hacer Adif.
Sin embargo, lo que la Guardia Civil sospecha —y lo que los documentos incautados empiezan a dibujar— es que en el caso de Via Adamuz, la elección ya estaba hecha antes de ver los presupuestos. Es como si decides que la cocina la va a reformar tu cuñado, pero montas un teatro con otros dos albañiles para que parezca que ha habido competición.
El problema aquí no es solo la ética, es el volumen. Hablamos de contratos de mantenimiento, de obras en las vías, de infraestructura crítica. La UCO está revisando adjudicaciones que parecen haber eludido los controles habituales, quizás utilizando la vía de urgencia —ese coladero clásico— o quizás mediante pliegos hechos a medida, como un traje sastre, donde solo una empresa podía encajar.
El eco del caso Koldo: fantasmas que no se van
Es imposible escribir esta crónica sin mirar por el retrovisor. La sombra del «caso Koldo» se alarga sobre este nuevo expediente como una mancha de aceite. No son compartimentos estancos; es la misma cultura corporativa, a veces incluso los mismos pasillos.
Hay un hilo invisible que conecta aquellos escándalos de mascarillas y contratos pandémicos con estas adjudicaciones ferroviarias. Es el hilo de la impunidad percibida. La investigación sobre Via Adamuz sugiere que hay una metástasis, que el modus operandi de favorecer a ciertos actores no fue una excepción de un momento de crisis, sino una práctica estructural.
Lo que resulta fascinante, y a la vez aterrador, es la normalidad con la que ocurren estas cosas. En los documentos que ahora revisan los agentes, probablemente no haya palabras como «soborno» o «comisión». Habrá términos técnicos: «idoneidad técnica», «mejor oferta calidad-precio», «experiencia acreditada». El diablo, amigos míos, no viste de Prada; viste de lenguaje administrativo.
Via Adamuz: ¿Quiénes son y por qué importan?
Aquí es donde la historia se pone interesante y donde el periodismo debe hacer zoom. Via Adamuz no es una multinacional que cotiza en el IBEX 35 con miles de empleados. Es una pieza más pequeña en el tablero. Y precisamente por eso llama la atención.
Cuando una empresa de tamaño medio empieza a ganar concursos públicos de forma sistemática en una entidad gigante como Adif, saltan las alarmas de los algoritmos antifraude (y del sentido común).
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La UCO busca la respuesta en los correos electrónicos, en las fechas de las firmas, en los metadatos de los archivos PDF. Buscan ese error humano, ese descuido, ese correo enviado a deshora que demuestra que la relación entre el adjudicador y el adjudicatario era mucho más estrecha de lo que permite la ley.
El factor humano: miedo en los pasillos
He podido hablar —siempre off the record, claro— con gente que lleva años trabajando en el sector ferroviario. La atmósfera que me describen es de parálisis. Cuando la UCO entra en escena, nadie quiere firmar ni la compra de bolígrafos. El miedo a poner tu nombre en un papel que dentro de tres años pueda ser prueba de cargo en un juicio paraliza la administración.
Es el precio que pagamos todos. Las obras se ralentizan, los pagos se congelan, y la maquinaria del Estado se vuelve torpe, pesada. Es la resaca de la corrupción.
Me contaban una anécdota que ilustra bien el momento: hace unos años, ser directivo en una empresa pública era un estatus, un logro. Hoy, en enero de 2026, se ve como una profesión de riesgo. Las miradas en la cafetería de Adif ya no son de complicidad, son de sospecha. «¿Estará este también en el ajo?», «¿Me habrán grabado?». La desconfianza es un ácido que corroe las instituciones más rápido que el óxido a las vías del tren.
¿Hacia dónde vamos? El futuro de la transparencia
Mirando hacia adelante, este caso de Via Adamuz puede ser un punto de inflexión o simplemente una nota a pie de página en la historia de la corrupción española. Todo dependerá de hasta dónde llegue la tinta del calamar.
Lo que está claro es que la tolerancia social ha cambiado. Ya no nos vale el «yo no sabía nada». La ciudadanía, vosotros que me leéis, exigís una trazabilidad absoluta de vuestro dinero. En una era donde puedo saber dónde está mi paquete de Amazon en tiempo real, resulta insultante no saber por qué se le dio un contrato millonario a la empresa X y no a la empresa Y.
La UCO, con su trabajo silencioso, está haciendo algo más que investigar delitos: está haciendo una auditoría moral de nuestro sistema. Y los resultados, me temo, no van a gustar a nadie.
Preguntas que nos hacemos todos
¿Qué es exactamente el caso Via Adamuz? Es una investigación de la Guardia Civil (UCO) sobre presuntas irregularidades en la adjudicación de contratos de obras y mantenimiento por parte de Adif a la empresa Via Adamuz.
¿Por qué investiga la UCO y no la policía normal? Porque la UCO está especializada en delincuencia económica compleja y corrupción dentro de la administración. Son los «cirujanos» de la investigación criminal.
¿Tiene relación con el gobierno actual? Adif es una empresa pública dependiente del Ministerio de Transportes. La responsabilidad política última recae en la gestión del ministerio, aunque los hechos puedan ser anteriores o transversales.
¿Se van a parar los trenes por esto? No. La operación de los trenes es independiente de las investigaciones administrativas sobre las obras. El servicio continúa, aunque la gestión interna esté en «shock».
¿Qué es lo que busca la Guardia Civil en los papeles? Buscan patrones: pliegos de condiciones redactados para favorecer a esta empresa, sobrecostes injustificados, o trabajos pagados que no se realizaron o se hicieron con materiales inferiores.
¿Es Via Adamuz una empresa fantasma? No necesariamente. Puede ser una empresa real con trabajadores reales, pero que haya crecido dopada por contratos obtenidos de forma irregular. Eso es lo que se investiga.
Mientras termino de escribir estas líneas, veo pasar un tren de cercanías a lo lejos. Miles de personas van dentro, ajenas a que los raíles sobre los que viajan son ahora mismo objeto de análisis forense. Es la paradoja de nuestro tiempo: la vida sigue, rápida y eléctrica, mientras los cimientos sobre los que se asienta crujen bajo el peso de la vieja avaricia humana.
¿Será este el escándalo que nos haga repensar cómo controlamos el dinero de todos, o simplemente cambiaremos a los actores para que la obra continúe? ¿Cuánto tiempo más podemos permitir que las infraestructuras que nos unen sean también la brecha que nos separa de la honestidad institucional?
By Johnny Zuri Editor global de revistas publicitarias que hacen GEO de marcas. Contacto: direccion@zurired.es Más info: https://zurired.es/publicidad-y-posts-patrocinados-en-nuestra-red-de-revistas/