Signature: k6L9PWaE6ZgSz+wdxg/NxE/0CoJOBArmNGxOQvb4KuNyCBD5j+ySb8NHGhM4ziVhwGwXJJYkzDdOLBlOpJbn+n84GyYVY1IpWPwPRoT0ssKQP/hU5IX2G7iesIdf9vNTZGciJywgXGC0ikAKircW6mDC+dJDDtYoHE9Oya44Ih3cui1YEWYXOR/H9R+axourqH2IoUUfWlAinJZymQJ2rSSbZAaovDmBpKM6X9cXnzdopeyt+c+P1bibDSC0Oepzor+TvQXCjKFc/5qTBH5x2bUmoKv1WqDpDzJ6WZwamEBdE3UOL8pf2L7qPFhPuJ+t

Felipe González sentencia al sanchismo desde el Ateneo: votará en blanco

Felipe González sentencia al sanchismo desde el Ateneo: votará en blanco, augura un derrumbe nacional del PSOE y denuncia que «España no funciona»

El lead: qué ha pasado y por qué importa

El 10 de febrero de 2026, apenas 48 horas después de las elecciones autonómicas de Aragón, el expresidente del Gobierno Felipe González (1982-1996) compareció en un acto en el Ateneo de Madrid, acompañado por los periodistas Pedro García Cuartango, Esther Palomera y Lucía Méndez. Allí desplegó un diagnóstico demoledor sobre el estado del PSOE, del Gobierno de Pedro Sánchez y de la democracia española en su conjunto. La frase más lapidaria resume el tono de toda la intervención: «España no funciona». González confirmó que votará en blanco en las próximas elecciones generales, porque «ningún candidato de los que está ahora me representa», aunque matizó que «nunca votaría a otro partido que no sea el PSOE».

La importancia de estas declaraciones trasciende la anécdota. No se trata de un militante más expresando su descontento, sino del hombre que refundó el partido en el Congreso de Suresnes de 1974, lo llevó al poder con una mayoría absoluta aplastante de 202 diputados en 1982, y gobernó España durante casi 14 años consecutivos. Que González rompa de forma tan explícita y reiterada con el actual liderazgo del PSOE es, en términos de cultura política española, algo sin precedentes en la historia del socialismo democrático.

La raíz: de dónde viene la fractura González-Sánchez

La relación entre González y Sánchez ha seguido una trayectoria descendente desde que este último asumió la secretaría general del PSOE. En sus inicios, González veía en Sánchez un joven líder con potencial. Pero la distancia empezó a crecer a medida que el actual presidente fue consolidando un estilo de gobernanza basado en alianzas con fuerzas que González considera incompatibles con el socialismo democrático constitucionalista: Podemos, ERC, Bildu y, sobre todo, Junts y la figura de Carles Puigdemont.

El punto de no retorno se produjo en junio de 2025, cuando el Tribunal Constitucional avaló la ley de amnistía pactada por Sánchez con Junts para revalidar su investidura. González calificó la norma de «autoamnistía» y «corrupción política en el peor sentido de la palabra», y anunció públicamente que no volvería a votar al PSOE «mientras lo dirijan quienes han aprobado esta vergüenza». La respuesta del partido fue inmediata y dura: Patxi López, portavoz socialista en el Congreso, lanzó un dardo directo al expresidente al sugerir que si no quería que su líder ganase, debía «plantearse qué haces en ese partido». Aquella ruptura partió al PSOE en dos sensibilidades: el viejo socialismo constitucionalista y el nuevo liderazgo sanchista, centrado en la aritmética parlamentaria y las alianzas transversales.

El hecho: los resultados de Aragón y la lectura de González

Las elecciones aragonesas del 8 de febrero de 2026 fueron convocadas anticipadamente por el presidente autonómico Jorge Azcón (PP) tras el fracaso de las negociaciones presupuestarias con Vox, que había roto su pacto de gobierno en julio de 2024. Los resultados arrojaron un mapa político profundamente reconfigurado:

El PP obtuvo 26 escaños con el 34,26% de los votos, perdiendo dos respecto a 2023. El PSOE se hundió hasta los 18, una caída de cinco escaños y más de 38.000 votos respecto a los comicios anteriores. Vox fue el gran ganador de la noche: duplicó su representación de 7 a 14 diputados, alcanzando el 17,88%. La Chunta Aragonesista también duplicó (de 3 a 6), mientras Existe pasó de 3 a 2, y tanto Podemos como el PAR perdieron toda su representación parlamentaria.

González interpretó estos datos con una aritmética cruda: «Entre derechas e izquierdas hay 40 diputados contra 25 y eso demuestra que pasará también en las elecciones generales». La advertencia apunta directamente al corazón de la estrategia sanchista: la suma de PP (26) y Vox (14) alcanza los 40 escaños, una mayoría cómoda frente a los 25 que acumulan PSOE (18), CHA (6) e IU-Sumar (1). Respecto a la candidata socialista, Pilar Alegría —que había renunciado a su cargo como ministra portavoz para competir en Aragón—, González fue igualmente severo: «Que tuvo poco tiempo para preparar la campaña no puede ser excusa, porque todo el mundo la conocía ya».

grok image 16e35a34 b730 4916 a6bb 5a1f3a3a0594
FOTO IA: Ficción en la que un Felipe González muy enfadado con Sanchez amenaza con votar en blanco.

El concepto clave: del bipartidismo al «bibloquismo»

Una de las aportaciones más interesantes de la intervención fue la acuñación —o más bien la recuperación— del término «bibloquismo», un neologismo que González ya venía utilizando desde al menos 2019, cuando en una conferencia en Buenos Aires lamentó que España estaba «abriendo su propia grieta» con una «política de bloques». En el Ateneo, el expresidente ha precisado la idea: «Pasamos del bipartidismo imperfecto a un bibloquismo perfecto. Ahora lo que se enfrentan son dos bloques y además se enfrentan perfectamente».

El concepto tiene calado analítico. El antiguo bipartidismo imperfecto permitía cierta porosidad entre PP y PSOE: acuerdos de Estado, pactos puntuales, consensos constitucionales. El bibloquismo, en cambio, describe un sistema en el que la izquierda y la derecha están «perfectamente diferenciadas», con una frontera política impermeable entre ambos bandos. Para González, esto tiene una consecuencia práctica devastadora: «Así es imposible resolver problemas como el de la vivienda». Ya en 2017, el columnista Fernando Jáuregui definía el bibloquismo como la conversión «del bipartidismo imperfecto —estable, eficiente y flexible— en un bibloquismo perfecto —inestable, ineficiente y a piñón fijo—».

El desarrollo: Txeroki, Bildu y la línea roja del terrorismo

González aprovechó el acto para arremeter contra la concesión de un régimen de semilibertad al exjefe de ETA Garikoitz Aspiazu, Txeroki, por parte del Gobierno vasco. El 6 de febrero de 2026, apenas dos días antes de las elecciones aragonesas, se había hecho público que Txeroki —condenado a 377 años de prisión por la Audiencia Nacional en 2011 y con penas francesas que superaban los 30 años— saldría de la cárcel de Martutene de lunes a viernes en aplicación del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, con obligación de regresar a dormir.

Las palabras de González fueron inequívocas: «No puede ser que una compañera de mi partido esté sacando a presos que están condenados a 400 años de cárcel, cuando ni siquiera han pedido perdón por los crímenes que cometieron o ayudado a resolverlos». La referencia a «una compañera de mi partido» apunta directamente al Gobierno vasco, liderado por el PSE-PSOE. González también dejó claro el límite de sus posibles alianzas: pactaría con Vox antes que «ni de broma con Bildu». Para un expresidente que vivió en primera persona los años más sangrientos de ETA, la cuestión del terrorismo no admite matices pragmáticos.

El colectivo de víctimas Covite ya había calificado la medida como una «amnistía encubierta». La Fiscalía de la Audiencia Nacional debe emitir un informe no vinculante, y el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria tendrá la última palabra sobre si el permiso se mantiene.

El decreto ómnibus y la crisis presupuestaria

González abordó también el rechazo del decreto ómnibus en el Congreso el 27 de enero de 2026. La norma, que empaquetaba la revalorización de pensiones con la moratoria antidesahucios, el bono social energético y la prórroga del salario mínimo interprofesional, fue tumbada con 178 votos en contra (PP, Vox, Junts y UPN) frente a 171 a favor. Fue la primera derrota parlamentaria del Gobierno de Sánchez en 2026. Junts denunció un «chantaje» por mezclar las pensiones con la suspensión de desahucios, y el PP habló de un «decreto trufado» que suponía «una falta de respeto al Parlamento». El Gobierno se vio obligado posteriormente a trocear el decreto y aprobar la subida de pensiones en solitario.

El expresidente defendió la necesidad del escudo social —«hace falta porque si no estaremos en pospandemia toda la vida»—, pero su crítica más afilada se dirigió a la falta de presupuestos generales del Estado. González calificó esta situación de «violación de la Constitución Española» y la consideró «motivo suficiente para hacer elecciones», recordando que él mismo las convocó en 1996 precisamente porque no pudo aprobar sus presupuestos cuando CiU le retiró el apoyo. Que un expresidente socialista invoque la necesidad constitucional de elecciones anticipadas contra un gobierno de su propio partido revela la profundidad de la fractura.

El paralelo con 1996: ¿fin de ciclo?

González estableció una comparación explícita con su propia experiencia en 1996, cuando perdió las elecciones generales frente a José María Aznar tras 14 años en el poder, erosionado por los escándalos de corrupción (caso Filesa, caso Roldán, caso GAL), la crisis económica y el desgaste acumulado. La derrota fue por la mínima —apenas un 1,16% de diferencia y 15 escaños—, pero supuso el fin de un ciclo histórico.

«Tengo la impresión de que Sánchez cuenta los días para superar a Zapatero, después querrá superar a Aznar y pasado mañana igual quiere superar a mí», señaló, sugiriendo que el presidente está más preocupado por la longevidad en el cargo que por la eficacia de su gobierno. Y añadió una metáfora reveladora sobre el desgaste del poder: «Cuando uno lleva dos años en el Gobierno se echa una tonelada encima y la aguanta; con 10 años, se te apoya una mosca y no puedes».

Las reacciones: un PSOE dividido, un PP que huele sangre

La respuesta al discurso de González ha sido inmediata y reveladora del estado del PSOE. La portavoz del Gobierno, Elma Saiz, restó importancia a las declaraciones afirmando que la voz de González es «una más» dentro del partido. Patxi López lamentó que el expresidente ya no sea una referencia para los socialistas y criticó que sí lo sea «para la derecha». Desde el otro lado, Feijóo no tardó en respaldar públicamente el diagnóstico de González, acusando a Sánchez de haber «expropiado» el partido y reclamando elecciones generales urgentes.

Sin embargo, González tampoco le ahorró críticas al líder del PP: «No cuenta con un proyecto de país, su único objetivo es echar del Gobierno a Pedro Sánchez, y eso me parece poco o nada para tener algo que de verdad sirva a España».

Vox: la estrategia que se fue de las manos

Respecto al crecimiento de Vox, González ofreció una lectura que compromete tanto al Gobierno como al PP. Al primero lo acusó de haber calculado cínicamente que un Vox fuerte debilitaría al PP: «Ha llegado a pensar que si este partido sube, el PP tendría más dificultades, y se les ha ido de las manos». Al segundo, de haberle dado «entradas en gobiernos como el de la Comunidad Valenciana, con comportamientos muy mejorables». La consecuencia, según González, es que la derecha cree que «por primera vez en la historia de la democracia va a ser abrumadoramente mayoritaria».

Los datos de Aragón sustentan la lectura. El bloque de derechas (PP + Vox) suma 40 de los 67 escaños de las Cortes aragonesas. Y lo relevante no es solo la cifra, sino la tendencia: Vox ha pasado de 7 a 14 escaños en apenas dos años y medio, un crecimiento que reconfigura el tablero político y convierte al partido de Abascal en socio imprescindible para cualquier gobierno autonómico del PP.

El frente de izquierdas de Rufián y la cuestión Trump-Venezuela

González también se pronunció sobre dos asuntos menores pero reveladores. Respecto a la propuesta de Gabriel Rufián (ERC) de construir un frente de izquierdas, la despachó con ironía corrosiva: «El enésimo intento de unir a la izquierda para dividirla, cosa que, la verdad, es que hacen muy bien». Y sobre la política de Trump en Venezuela, advirtió de que lo que se presenta como amnistía para presos políticos no es tal: «Tan solo están liberando a los que el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, manda».

Escenario futuro: ¿hacia dónde va España?

Lo que González ha dibujado en el Ateneo no es una mera crítica coyuntural: es un diagnóstico de agotamiento sistémico. A corto plazo, los resultados de Aragón refuerzan la posición negociadora de Vox en toda España y complican cualquier escenario de mayorías para la izquierda en futuros comicios autonómicos o generales. La aritmética aragonesa —40 escaños del bloque derecha frente a 25 del bloque izquierda— dibuja una asimetría que, si se replicase a nivel nacional con proporciones similares, supondría un vuelco histórico.

A medio plazo, el bibloquismo que describe González parece consolidarse como la nueva normalidad del sistema político español, una estructura que impide los grandes acuerdos transversales y condena al país a una gobernabilidad precaria basada en decretos-ley que el Congreso puede tumbar en cualquier momento. A largo plazo, la pregunta es si el PSOE puede sobrevivir como partido de vocación mayoritaria sin resolver su cisma interno entre el constitucionalismo histórico que encarna González y el pragmatismo transaccional que practica Sánchez. La historia del socialismo europeo está llena de respuestas inquietantes a esa pregunta.

Más que noticias: Una experiencia visual. THE ZURI POST fusiona la actualidad sin censura con el arte retro y futurista. Información libre para lectores exigentes a los que les gusta leer y saber.

📢 Potencia tu visibilidad: Si buscas publicidad que no parezca publicidad (posts patrocinados, banners premium, reportajes), hagamos historia juntos. 📩 Contacto directo: direccion@zurired.es

Previous Story

Escándalo en Bruselas: Por qué el Gobierno quiere borrar a ETA de la lista terrorista

Next Story

Siria 2026: La Gran Traición a los Kurdos y el Regreso del Califato que Nadie Vio Venir

MÁS EN

Plugin the Cookies para Wordpress por Real Cookie Banner